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Valencia,con millares de bombillas en guirnaldas y columnas, con todo
el esplendor de una naturaleza que despierta, con toda el ansia
del jolgorio de su gente, monta la más espectacular
de las fiestas: la gran pantomima de la vida escenificada,
en la que se satirizan temas de actualidad: las Fallas.

Las Fallas han nacido
de la misma entraña del pueblo. Pueblo desde siempre bañado
en una atmósfera resplandeciente de sol y azul, o de serenas
noches románticas, entre huertas y huertos rurales o urbanos,
habitantes de callecitas y barrios que convivían dentro
de una completa naturalidad y llaneza.

Historia

Cuando llegaba el otoño y la claridad diurna duraba cada
vez menos, en los talleres artesanos se prolongaba la jornada
de trabajo durante las primeras horas de la noche. Para iluminarse
se usaba una rústica lámpara de pie, generalmente
de madera, llamada parot, estai, pagés, pelmodo o perniodol,
al resplandor de cuyas llamas proseguían su trabajo los
aprendices, los oficiales y el maestro...

En vísperas de la
primavera, cuando comenzaban los días largos, se prescindía
del trabajo nocturno y se quemaba a la puerta de cada taller
el rústico parot. Es fácilmente explicable que,
para alimentar la hoguera, los mismos artesanos acumulasen virutas
y listones inservibles, secundados por los trastos viejos que
aportaba el vecindario. Por añadidura, la verticalidad
y brazos del estai o pagés, se prestaba a ser animado
con harapos dando aspecto humano, y algún sombrero que
le dotaba de una hipotética cabeza. Así nacía
el Ninot.Sólo falta que esos muñecos protagonistas
de cualquier sainete del barrio, de la ciudad, del país,
del mundo, sean puestos en lo alto de un pedestal, para mejor
ser vistos y reídos por las gentes. Cuando todo esto se
produce y combina, ya tenemos la verdadera falla valenciana.
El
día 1 de marzo, comienzan "les macletaes" en
la Plaza del Ayuntamiento, para preparar el ambiente festivo,
aunque lo más importante comienza el día 16 ya
que a las ocho de la mañana han de estar instalados los
más de 700 monumentos, que surgen en plazas y esquinas.
En estos días se suceden todo tipo de manifestaciones,
desde las "despertás", a castillos de fuegos
artificiales.
El acto más multitudinario y espectacular es la Ofrenda
de Flores a la Virgen de los Desamparados. Los días 17
y 18 de marzo, desde las 16.00 horas hasta bien entrada la noche,
tiene lugar este brillante desfile en el que destacan las falleras
con su maravilloso y vistosísimo traje regional, portando
ramos de flores a su Patrona.
A las doce de la noche del día 19, y salvo un ninot,
que previamente y por sufragio popular se ha elegido entre las
diferentes fallas, éstas son consumidas por el fuego.
En
la segunda mitad del ochocientos se inició la evolución
de la fiesta, que, en su sentido actual, son catafalcos efímeros
y satíricos que se plantan en las calles y plazas de la
ciudad para "comentar", divertidamente, con figuras
humanas, zoológicas o del reino vegetal y artesano, un
hecho de actualidad, un "argumento" crítico,
una malicia ocurrente del propio vecindario... Todo ello, materiales
e ironías intencionadas, constituyen en definitiva la
leña para las gigantescas hogueras purificadoras que arden
a media noche en San José.
Ese fuego es una fiesta, la
apoteosis alegre y desbordante de todas las demás fiestas
que la preceden durante la que hoy se denomina Semana Fallera.
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